Asfixiame así aprendo
Crecer significa aprender. Y para aprender tenemos que escuchar que, a su vez, es otro proceso de aprendizaje. Como leí en un libro de Bucay: “Escuchar no es una atenta y selectiva búsqueda más o menos concentrada en el parlamento de otros, de las palabras que me sirvan para enlazar ‘con arte’ mi propio argumento……. Y escuchar se diferencia de intercambiar turnos de oratoria con otro que tampoco escucha.”.
Y es que en realidad muchas veces no sabemos escuchar. Simplemente oímos, pero no entendemos razones ni analizamos lo que el otro tiene para decirnos. Y únicamente buscamos en las palabras de otro la frase justa que sólo confirme nuestros pensamientos preconcebidos.
Yo hace poco y como resultado de una situación adversa me di cuenta de que muchas veces no escuché lo que tenían para decirme.
Continuemos con el tema sin irnos mucho más lejos en preliminares. Hace dos días me ocurría algo con una persona muy cercana que me hacía dar cuenta de que no se puede absorber a una persona, ni depender de ella insanamente y, menos aún, intentar manipularla a través de la pena o la culpa. Las relaciones humanas (sin referirme tan siquiera a las parejas únicamente) tienen componentes básicos que las hacen triunfar y otros que la hacen fracasar. Entre los motivos de fracaso veo muy acentuado el hecho de la codependencia. Cuando una persona comienza a preocuparse de manera insana por la otra persona, por lo que hace, por lo que no, por dónde está, por lo que hace a cada instante, en ese momento las cosas comienzan a funcionar mal. Y funcionan mal porque esa parte enferma exige cosas y nos consume tiempo de una manera improductiva. Y lo que es aún peor, es cuando la otra parte no satisface por completo los deseos de la primera. Se produce la típica situación de manipulación, de capricho desmedido, de declaración de falsas culpas:
“Si no haces tal cosa es porque no me quieres”
“Ya que no vas a hacer esto que quiero ahora, entonces no hagas nada más por mi, total no te importo”
“Mi vida es una verdadera mierda para tener que soportar esto”
“Estoy demasiado sólo/a sin vos. Si te pido esto es porque me haces falta”
Y así muchas frases que seguramente a más de uno nos suenan de haberlas dicho o de haberlas recibido.
En este punto tan enfermo de una relación es el momento de tomar acciones. Ni nosotros ni nadie debería necesitar a otra persona al punto de no poder recrearse de ninguna manera sin la aprobación o la supervisión o el apoyo del otro. Necesitamos librarnos de las dependencias.
Esta situación con el transcurso del tiempo se vuelve totalmente insostenible. Y por más aprecio que tengamos hacia la otra persona, termina por derrumbar cualquier vínculo que nos une a ella. Y se rompe porque nos sentimos asfixiados, porque vemos que esa dependencia nos acerca más a la enfermedad y nos aleja de todas las demás cosas que tenemos en la vida además de esa persona.
Tenemos que darnos aire. Tenemos que dejarnos espacios libres en los que no estemos siempre juntos, hablando, viéndonos, haciendo o deshaciendo. Tenemos que ser una parte importante en la otra persona pero no podemos pretender ser la única parte importante en la vida del otro. Incluso podemos ser lo más importante en la vida del otro que, aún así, no seremos lo único.
Y no estar las 24 horas del día con esa persona, y no ser partícipe de todas las actividades que desarrolle, incluso el no enterarnos de todo lo que ocurre en su vida no significa que no me importes o que te vaya a dejar de lado.
Mientras más me ates a ti más querré escaparme de tu lado. Mientras más libertad me des, mejor me sentiré y desearé volver contigo siempre. Porque esa dependencia corta libertades y acota el sentimiento de autorealización del otro. Y si no nos sentimos realizados, si nos sentimos oprimidos, el agobio nos terminará venciendo y, como dije antes, cualquier relación por más aprecio que sintamos por la otra persona, terminará rompiéndose.
Y cuanto he aprendido en dos días acerca de la importancia de valores como la libertad y la confianza. Cuántas veces he caído yo en este error. Cientas. Y todas me han conducido a un irremediable fracaso.
Lo bueno y positivo de esto es que se aprende y mucho. En el camino de la autorelización tenemos muchas etapas y, afortunadamente, una de ellas incluye detenernos a meditar lo que hemos hecho para así poder rectificar de cara al futuro. Lo pasado ya lo hemos hecho. Detengámonos a ver cómo y en qué nos equivocamos para que luego podamos utilizar esta vivencia como base que nos permita a futuro no cometer el mismo error.
Y mira cómo he tenido que aprender la lección. Me ha tenido que pasar. Me he tenido que ver asfixiado al punto de querer romper con una relación importante sólo por el hecho de que no aguantaba más las presiones. Y fue en ese momento cuando comprendí que hoy me tocaba aprender.

Buen análisis, reflexión y aprendizaje…eso es importante, que la pareja o la persona que está a tu lado, no es el centro del todo, es sólo una parte de la cual tiene prioridad en cierta manera, saludos