No se cómo titularlo

Quiero intentar dar y darme respuestas a un tema que me viene rondando desde hace algún tiempo, y últimamente más. Intento por todos mis medios sentirme bien o al menos demostrar que de alguna manera estoy bien, porque al final, sino, vienen los reproches y cuestionamientos de por qué me pongo en pesimista si «al final las cosas no me van tan mal».

Puede que tenga un presente laboral bueno, un puñado de compañeros geniales y un montón de cosas positivas, pero sigo sintiendo que en lo personal sigo estando totalmente flojo. Me siento pisoteado, me siento olvidado, impertinente de momentos, innecesario… Y es que es duro ver como la vida pasa frente a vos mismo y que no ejerces ningún tipo de interacción con el transcurso de ella. Simplemente pasa para todos, de una manera u otra, pero para uno se queda estanca en un sentir asqueroso de sobrar, de que el mundo puede seguir sin uno, de que no se notaría mi ausencia.

Y lo malo es que me siento así por toda la gente que yo aprecio y que no me aprecia a mi, en vez de sentirme a gusto con los que si me aprecian. De este modo me inconformo constantemente de la carencia de la presencia/cariño/aprobación de toda esa gente que le importo un carajo y que, al final, a mi si me importa.

No se como explicarlo. Ni quiero intentar hacerlo para todas y cada una de las personas que me han preguntado. Prefiero este medio que, como he dicho antes, me permite comunicarme sin puntualizar en nada y nadie, y a la vez contar a todos los que sienten la necesidad de una respuesta.

Más de una vez me he preguntado qué pasaría si dejara de existir en este mundo en el que me siento de momentos tan inconforme. Y siempre llego a la conclusión de que todo seguiría exactamente igual. Y quizás siga igual si falto yo, o faltas vos, pero de manera egoista me enferma y morboseo pensando en lo que pasaría sin mi. Y me jode llegar siempre a la respuesta de que no pasaría nada. O que sería lo suficientemente intrascendente como para que a corto plazo resultase igual que mi inicial respuesta.

Entonces me pregunto. ¿qué debo hacer? Pero de verdad que no encuentro el coraje necesario para hacer algo, para bien o para mal, que permita dar un cauce distinto a mis planteos. Y me jode. Y lo que más me jode de todo es que debo aprender a convivir con esta molestia que me causa el sentirme innecesario.

Y ni siquiera quiero dar un nombre, o dos, ni tres. Sólo quiero decirle a las personas que me ignoran, que pueden estar felices y sentirse a sus anchas de saber que la indiferencia mata y mucho, al menos a mi.

Decisiones a la ligera

Muchas veces me pregunto que por qué seré tan impulsivo y soñador. Esta manera de ser me lleva incansablemente a pegarme muchos rebotes por innumerables situaciones.

El caso es que me creo expectativas, me hago ilusiones, me hago un castillo… y luego se derrumba en el momento menos pensado.

Es esta impulsividad la que me lleva a pensar que quiero cosas o a decidir otras de las que luego me doy cuenta de que no estaba tan seguro. Y cuando me doy cuenta, incluso soy yo el que intenta derrumbar los castillos, porque me doy cuenta de que estaban asentados en el aire.

Me propongo para este año intentar cambiar esto de manera radical. Pensar dos veces las cosas, contar hasta 100 en ocasiones, decidir con prudencia y no con impaciencia. Estoy seguro que es un buen propósito para mi mismo intentarlo y desarrollar dicha cualidad. Me arrepentiré menos de cosas y seguramente pueda ser hasta positivo para el entorno que me rodea.

Ya hoy me estoy repensando muchos temas. A ver si pensando mejor me doy cuenta de nuevas cosas que antes no sabía 🙂