Las especulaciones hacen que nos decepcionemos

Ayer se daba lugar la tan nombrada y esperada keynote de Apple donde se iban a presentar todas las novedades de la empresa de cupertino y, entre ellas, el nuevo terminal iPhone.
Nada más terminar la keynote del año anterior ya se empezó a especular acerca de cómo podía ser la próxima generación de móviles que reemplazarían al recién nacido iPhone 4. Que si dual core, que si diseño más fino, que si más memoria, mejor cámara, pantalla más grande. Pero si es que poco les faltó para decir que hasta podría hacernos la cena.

Al tiempo nuevos rumores y filtraciones de terminales perdidos, gurús y «expertólogos». Cuenta cuentos y busca audiencias lanzaban mockups de terminales futuristas, ultra delgados. Hasta trasparentes llegué a ver. ¡Insólito! Hasta un chino durante 40 minutos estuvo haciéndose el lindo con una cajita de metal que contenía un prototipo plastico de lo que el pensaba que seria el iPhone definitivo. Vaya mojón se comió.

Todo esto lo que hizo que generáramos una expectativa tal que necesitábamos, al menos, dos cosas del muevo iPhone. Que se llamara iPhone 5 y que cambiara de diseño. Ya podía llevar un mega más de RAM que sería el no va más.

Llegó Apple. Puso sobre la mesa un terminal totalmente renovado en su interior sin cambiar de nombre ni de aspecto y ¡Zas! La mitad de twitter cagándose en el recién estrenado Tim Cook.

Y es que creo que tanta especulación nubló, de alguna manera, lo que es nuevamente el terminal de vanguardia en el mundo de la telefonía móvil. Una pena porque este aparato ya es un ganador